7/nov .Escrito fuera del ámbito médico, es personal y pueden obviarlo.
HOY HACE UN MES QUE NO SOY EL MISMO. (Salomón Danón)
No soy el mismo, tampoco los judíos del mundo. Hace un mes empezamos a ver imágenes dantescas del feroz ataque terrorista que provocaron matanzas, torturas, violaciones y el secuestro de niños, mujeres, abuelos y muchos civiles indefensos que estaban en un concierto por la paz. Estos sádicos burlaron a una de las fronteras obligadamente más seguras del mundo, se metieron en otro país, entraron a los hogares con la intención de dañar, matar saciando las enseñanzas de odio que reciben desde niños y para provocar la segura respuesta del país que sí cuida a sus ciudadanos.
No soy el mismo porque me sorprendieron en mi ingenuidad de suponer que tales acciones solo podrían generar el repudio mundial, pero solo sirvió para que asista azorado a manifestaciones a favor de los terroristas de gobiernos que tienen conciudadanos entre los rehenes (Chile, Brasil, México), los partidos de izquierda “progrenazis”, instituciones corruptas (ONU, UNESCO, etc.) y de muchos nazis que se dieron cuenta de que era innecesario esconder tal condición porque coincidía con lo que se reproducía en muchos medios (españoles, BBC,CNN,AFP, etc) plagadas de imágenes y datos mentirosos generados por los mismos terroristas y que muchos ignorantes copian sin vergüenza en sus redes.
No soy el mismo, porque mucha gente que seguía para aprender, conocidos que quería y respetaba, se encolumnaron en la fila de los que creen que los judíos son seres de segunda categoría que les pueden hacer lo que quieran y no se les permite responder. Muchos que traen en sus genes la idea que el solo hecho de rezar a un Dios o tener tradiciones diferentes convierte a los judíos en la causa de todos los males mundiales, concepto ridículo e insostenible desde el punto de vista de un mínimo razonamiento.
No soy el mismo porque no puedo entender que el mundo permanezca en silencio mientras veían en vivo las atrocidades que se cometieron y pretendan justificar su parcialidad con argumentos irrisorios, de tremenda ignorancia, injustos, increíbles y demostrado hasta el hartazgo su falsedad.
No soy el mismo porque soy sobreviviente de un pueblo esclavizado varias veces, de la inquisición y del holocausto que muchos niegan. Y no porque no se imaginan que se podía hacer algo así hace tan solo 80 años, sino porque necesitan el chivo expiatorio para calmar una conciencia muy sucia.
No soy el mismo porque advierto que el mundo dejo de ser un lugar seguro para cualquiera que se lo identifique como judío, como surgen las manifestaciones a favor de terroristas, los ataque a cualquiera y que es muy difícil hacerles entender que somos el “canario de la mina” y que después, si llegaran a vencer, van a seguir con otros. Muchos de los que hoy los apoyan y será tarde. Nosotros no tenemos opción más que la defensa para no desaparecer.
No soy el mismo porque me aterra que haya niños secuestrados en manos de crueles, sádicos y violentos y cuyos carteles con sus caras son arrancados en las calles. Miro a los niños de mi familia, pienso en lo que sentirán esos pequeños o sus familias y no puedo contener la angustia y la bronca.
No soy el mismo porque no me gusta que paguen justos por pecadores, ya que culpa de los terroristas se les negará (y está muy bien que lo haga) los permisos a los gazatíes que cruzaban las fronteras para trabajar o atenderse en los hospitales. Pero muchísimos fueron clave en la información que permitió la invasión de hace un mes.
No soy el mismo porque no quiero enfrentarme a quienes apoyan a los terroristas con el eufemismo de una guerra entre dos países, o mantienen la tibieza de un pedido de paz que no será posible mientras los que perpetraron la masacre, invadieron e iniciaron el ataque no desaparezcan para siempre. Creo fervientemente en la paz. Israel ha negociado con sus vecinos que los atacan permanentemente, para llegar a esa paz y dejar los esfuerzos físicos, materiales y las vidas de sus ciudadanos en defenderse para seguir creciendo y aportando al mundo como lo viene haciendo. La paz trae prosperidad y todos merecemos vivir mejor.
No soy el mismo porque hace un mes muchas cosas han cambiado en el mundo que me toca vivir. Quiero dejar de estar preocupado y triste por las cosas que pasan en Israel o cualquier sitio que involucran amigos, familiares de amigos, gente común y hasta los soldados que están defendiendo de la barbarie al mundo, aunque muchos no lo entiendan.
No soy el mismo porque he dejado de poner todo mi esfuerzo en la educación para la salud que intento llevar a cabo desde las redes a mis colegas, mis alumnos y a la gente en general, y tengo que tratar de hacer entender a muchos los que pasa, visibilizar un conflicto cuya magnitud por ahora se ignora. Aunque a muchos no habrá manera de convencer lo que su ignorancia a medida ya decidió que es la verdad.
No soy el mismo porque esperaba con ilusión que mi gobierno cambiara la crónica actitud alineada a quienes no reconocen el derecho de la existencia y menos la defensa de un país. Sigo decepcionado, aunque mantengo la esperanza que se cambie.
No soy el mismo porque hace un mes encuentro en muchos, coincidencia de pensamientos y actitudes. Muchos en “mis zapatos”, que saben que pueden ser los de todos que están del lado de la vida. No somos pocos, por suerte y yo no me olvido quienes están de cada lado. Mi gratitud enorme a los que nos acompañan.
No soy el mismo porque no fui testigo del holocausto, pero sí de esta masacre y asumo la obligación de contarla a las próximas generaciones a los fines que no supongan que nunca más puede pasar sino para que vivan disfrutando y con cuidado en un mundo hipócrita que ha decidido darnos la espalda. También y espero sea así, para que sepan que una vez más nos toca ser fuertes y valiente para que el pueblo de Israel viva. Am Israel Jai.
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